Entradas

Que injusta es la muerte

  La muerte Vivimos, casi siempre, de espaldas a la idea de morir. Procuramos no convivir con ella, no nombrarla, no mirarla de frente. Actuamos como si la muerte fuera un asunto ajeno, algo que solo les ocurre a otros, como si existiera una suerte de inmunidad invisible que nos protegiera. Nos pensamos —sin decirlo— un poco inmortales. Hasta que un día llega. Sin pedir permiso. La ves de cerca, la sientes, la sufres. Y entonces la ficción se rompe. La muerte es real. Puede aparecer sin aviso y alterar, en segundos, todo lo que creíamos estable. Ayer, por desgracia, esa verdad injusta alcanzó a todas las personas que viajaban en aquel tren y que hoy ya no están. Hay algo que he aprendido tras convivir de cerca con la muerte: cuando la has rozado, el dolor ajeno deja de ser lejano. Te atraviesa. Ayer, mientras veía la noticia —desgarradora por su magnitud— mi mente se llenaba de escenas que sentía como propias. Las llamadas de las víctimas a sus familias intentando explicar lo inexp...

¡ A vencerme, no a vencer !

 ¡ A vencerme No a vencer !

Por fin, te podré decir mi Mujer

  Han sido dos  las veces en las que te pedí casarnos, pero muchas más  las veces en las que lo fui dejando pasar. Son muchos los motivos, pero la dejadez y el malestar que me generaba el día a día, de los últimos tiempos acabaron convirtiéndose en la razón principal de posponerlo tanto. Aun así, hemos logrado dar el paso. Y hoy, somos felices viendo como ya lo tenemos. Una “boda”, por llamarla de algún modo, que no se parece en nada a lo que ninguno de los dos había soñado: sin compartirlo, sin celebrarlo, sin la alegría que uno imagina. Pero sí con la certeza más importante de todas: que somos exactamente lo que un día soñamos, dos personas hechas la una para la otra. Hemos pasado por mucho y aún nos queda camino, pero confiamos en que, en algún momento, la suerte nos permita transitar también juntos por momentos felices. Momentos que a día de hoy, sólo nos regalan alegría nuestras hijas, que iluminan incluso los días más duros. A comienzos de este año ya sentíamos la n...

¿Que tendrá la mar?

  ¿Qué tiene el mar que, al mirarlo, impone y, al mismo tiempo, calma? Esa combinación tan extraña entre fuerza y serenidad me deja en silencio. Me detengo frente a él, incluso cuando lo contemplo desde el dolor, y no puedo dejar de pensar. ¿Qué me ata tanto al mar? Tal vez sea el eco de una infancia feliz en Galicia, llena de recuerdos limpios, de momentos sin grandes problemas… o con esa ignorancia bendita de quien todavía no sabe lo dura que puede volverse la vida. El mar me lleva de vuelta a esos días mejores, más simples, que regresan sin esfuerzo a mi mente cuando lo tengo delante. Siento la necesidad de estar cerca de su inmensidad, de mirar ese horizonte que me obliga a detenerme y pensar. En él encuentro la esperanza de que todo lo que estoy esperando, en algún momento, llegará. Siento una llamada profunda que empuja desde dentro, que me invita a seguir, a moverme hacia adelante, a alcanzar eso que aún no sé definir pero que siento que existe. Pero también está la o...

ADIÓS HERMANO

  Adiós, Javi. Hoy te has ido de este mundo sin ese último abrazo, sin ese último beso. Y aunque tu muerte me desgarra el alma, la verdad es que empecé a perderte hace años… cuando decidiste entregarte por completo a la Iglesia, cuando elegiste consagrar tu vida a servir a los demás. A esos otros que hoy vienen con lágrimas en los ojos, dándome el pésame, contándome lo mucho que hiciste por ellos… cosas que en algún momento también pedi que hicieras por mí. Pero no estabas. Estabas donde tú sentías que debías estar: con ellos, guiándolos, amándolos, cuidándolos. Ayer vi a los niños despedirse de ti. Vi cómo te miraban, cómo lloraban tu ausencia… y me dolió reconocer que muchos de ellos disfrutaron de tu presencia más que tus propias sobrinas. No te juzgo. Cada uno elige su camino, y los nuestros cada vez estaban más separados. Yo también te vi feliz. Te vi reír, brillar. Pero también extrañe a ese hermano que estando parecía no estar, con el que solía compartir risas un sábado ...

Tras el Apagón

Hay días en los que la realidad golpea de frente, sin avisar, y convierte los espacios que habitamos en escenarios cargados de incertidumbre. El colegio, ese lugar que se construye cada día como refugio, como espacio de desarrollo, de aprendizaje, de afectos, de rutinas, de certezas… se convierte de pronto en epicentro de un caos que nadie controla del todo. La perspectiva desde dentro, desde el aula, desde el patio, desde los pasillos, deja ver una fragilidad que no siempre nos atrevemos a mirar de frente. Los niños más pequeños, esos que apenas empiezan a entender el mundo, se deshacen entre el miedo, las preguntas sin respuesta y una tensión que no comprenden pero que sienten en el cuerpo. Y los mayores, los adolescentes, que ya han descubierto que el mundo no es un lugar del todo justo, encuentran una oportunidad para expresar su rebeldía. Una rebeldía que, en lugar de ser guiada, orientada, comprendida, a menudo se siente  como un problema, como una molestia, o como un desafío...

Tradiciones, raíces y el peso de no pertenecer

  Tradiciones, raíces y el peso de no pertenecer Hay lugares donde las tradiciones no se eligen. Simplemente se heredan. En muchos pueblos, donde el tiempo parece haberse detenido y la vida gira en torno a lo mismo cada año, las costumbres no son solo parte del calendario: son parte de la identidad colectiva. Se transmiten de padres a hijos como quien entrega una promesa, o una carga. Y en esos entornos, no hay mucho más que eso. Las cosas se hacen “porque siempre se han hecho así”. Lo que fue de tus abuelos, debe ser tuyo. Lo que tus padres celebraron, debes repetirlo tú. Lo contrario es desobediencia, deslealtad, incluso una falta. Pero, ¿qué pasa cuando no lo sientes? ¿Qué ocurre cuando esas raíces no echan brotes en ti? ¿Qué sucede si no te reconoces en las formas, en los símbolos, en las palabras que otros pronuncian con fervor? A veces, crecer rodeado de tradiciones puede ser como crecer en una maceta demasiado pequeña: aprendes a enredarte contigo mismo para no estorbar. ...