Por fin, te podré decir mi Mujer
Han sido dos las veces en las que te pedí casarnos, pero muchas más las veces en las que lo fui dejando pasar. Son muchos los motivos, pero la dejadez y el malestar que me generaba el día a día, de los últimos tiempos acabaron convirtiéndose en la razón principal de posponerlo tanto. Aun así, hemos logrado dar el paso. Y hoy, somos felices viendo como ya lo tenemos.
Una “boda”, por llamarla de algún modo, que no se parece en nada a lo que ninguno de los dos había soñado: sin compartirlo, sin celebrarlo, sin la alegría que uno imagina. Pero sí con la certeza más importante de todas: que somos exactamente lo que un día soñamos, dos personas hechas la una para la otra. Hemos pasado por mucho y aún nos queda camino, pero confiamos en que, en algún momento, la suerte nos permita transitar también juntos por momentos felices. Momentos que a día de hoy, sólo nos regalan alegría nuestras hijas, que iluminan incluso los días más duros.
A comienzos de este año ya sentíamos la necesidad, el deseo y la disposición de hacer esto realidad. No imaginábamos que sería así. Pero tampoco podíamos imaginar que cuando finalmente nos decidimos y empezamos a buscar los trámites necesarios, estábamos más cerca de la peor noticia que podríamos recibir. La noche antes de que murieras, estábamos eligiendo los trajes que llevaríamos. Y es que nunca sabemos cuando la vida te tiene preparada batallas como esta.
Esa batalla nos ha empujado a dejar de posponer lo importante, recordándonos que no tenemos todo el tiempo del mundo. Pero estos palos tan duros si me han hecho darme cuenta de lo que sí tengo claro, que es que yo quiero dedicar todo mi tiempo a ti, a nuestra familia, y a todo aquello que llevamos demasiado tiempo dejando pasar.
Nuestro amor, capaz de sobrevivir a mil historias, ha construido esta familia de cuatro: fuerte, sólida, un refugio donde encontramos paz. Tú eres mi compañera de vida, mi amiga, mi todo. Somos la noche y el día, polos opuestos que se complementan. Somos el lugar al que se vuelve para llorar, para reír y para disfrutar.
Sé que algún día llegará ese momento de compartir y disfrutar, porque celebrar nunca ha sido fácil para nosotros. Muchos de los instantes que cualquier persona viviría con alegría, para nosotros siempre han llegado teñidos de tristeza, agobios y malos ratos. Pero confío en que algún día podremos compartir con quienes queremos —y sobre todo a nuestras hijas— lo que realmente esta nueva etapa significa para nosotros.
No puedo saber si lo conseguiremos por completo. Pero lo que sí tengo claro es que haremos todo lo posible para que ellas sí puedan disfrutar y celebrar todos sus momentos de la vida que quedan grabados en la memoria como instantes de verdadera alegría.
Fran Prieto
Comentarios
Publicar un comentario